Hasta este punto, Pablo nos ha demostrado la condenación de toda la gente, judíos y gentiles por igual, pero nos dice que todos pueden ser justificados por la fe en Cristo Jesús. La base de esta justificación es la redención de Jesucristo, su sacrificio propiciatorio en la cruz. La única manera para ser justo delante de Dios es por medio de la fe en Jesús y, ya que esta justificación es por la fe y no por la ley, está disponible para gentiles y judíos.
Un ejemplo histórico de la justificación por la fe: Abraham (4:1–15)
En el capítulo 4, Pablo introduce un ejemplo del Antiguo Testamento, Abraham. Más que ser el patriarca de la raza judía (8:1), Abraham creyó a Dios y su fe le fue contada por justicia (4:3; Génesis 15:6). Ya que fue justificado por la fe y no por las obras, no tiene de qué gloriarse (4:2), porque alguien que trabaja merece su salario (4:4), pero la justificación es por la gracia (4:5). El rey David también ensalza la justificación de Dios en el Salmo 32:1–2 (4:6–7), hablando de la bendición de que Dios no le contó su pecado (4:8).
Ahora, la bendición de la justificación por la fe, ¿es solamente para los judíos? (4:9) Dios justificó a Abraham por la fe, pero esto sucedió años antes de circuncidarse (4:10; Génesis 17:10). La circuncisión la recibió después como una señal visible de la fe de su corazón (4:12). Por eso, Abraham es el padre de los judíos por su linaje física, pero es el padre o modelo de todos los que son justificados por la fe como él (4:11).
Dios le había prometido a Abraham que todas las familias de la tierra serían benditas en él (Génesis 12:3), pero esta bendición para el mundo no vino a través de la ley de Moisés, sino por medio de la fe en Dios (4:13–14) porque la ley no otorga bendición, solamente produce condenación (4:15).

La justificación por medio de la fe destaca que no es por las obras, sino por la gracia (4:16–25)
La fe de Abraham y su justificación por la gracia de Dios nos ayuda a entender que recibimos las bendiciones y promesas de Dios solamente por su gracia (4:16). Por ejemplo, Dios prometió que Abraham sería el padre de muchas gentes, o naciones, la misma palabra que se traduce “gentiles” (4:17; Génesis 17:5). Abraham creyó la promesa de Dios, aunque no parecía posible que fuese padre (4:18), porque no tenía hijo y tenía casi cien años y además su esposa Sara fue estéril (4:19). En vez de dudar de Dios, Abraham creyó, dando gloria a Dios (4:20–21). La fe de Abraham le fue contada por justicia (4:22), igual como a nosotros que creemos en Jesús (4:23–24). Jesús entregó su vida por nuestro pecado, y su resurrección dio evidencia de que nuestra justificación es segura (4:25).


El evangelio glorifica la gracia de Dios porque la justificación es solamente por la fe en Cristo Jesús.

