Orando los Salmos: Salmo 139

Dios, confío en tu conocimiento de mi corazón

El Salmo 139 es un salmo de lamento individual que incluye una imprecación. En este salmo el rey David pide que Dios le vindique porque Él conoce sus corazón y motivos. Frente a acusaciones contra su carácter, David apela a Dios para que le defienda. Este salmo es un refugio para todos los acusados injustamente.

No hay otro mejor a quien uno pueda apelar que a Dios. A diferencia de los seres humanos, Dios nos conoce por entero (vv. 1–6), siempre está con nosotros (vv. 7–12) y nos formó (vv. 13–18). Podemos apelar a cualquier humano, pero su conocimiento es limitado. Las cuatro estrofas del salmo nos llevan a confiar en el conocimiento de Dios para nuestra vindicación.

Apelo a Dios porque me conoce por entero (vv. 1–6)

La primera estrofa expresa la confianza de David de que Dios le conoce completamente. Ya que Dios le conoce, David apela a él por su vindicación frente las acusaciones injustas.

1 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;
Has entendido desde lejos mis pensamientos.
3 Has escudriñado mi andar y mi reposo,
Y todos mis caminos te son conocidos.
4 Pues aún no está la palabra en mi lengua,
Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
5 Detrás y delante me rodeaste,
Y sobre mí pusiste tu mano.
6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Alto es, no lo puedo comprender.

En palabras muy hermosas, David describe el conocimiento completo que tiene Dios (v. 1). Le ve en todo momento, incluso lee sus pensamientos aun a la distancia (v. 2). Ya sea que esté trabajando o descansando, Dios lo ve y lo conoce (v. 3). Dios escucha cada palabra que salga de su boca, incluso sabe todas las cosas pensadas, pero no habladas (v. 4). La imagen que pinta David es de las manos de Dios rodeándole en todo momento, destacando el conocimiento íntimo de Dios (v. 5). David queda asombrado por la grandeza de la comprensión y conocimiento de Dios (v. 6). Por eso, David apela a Dios para que le defienda, porque nadie le conoce como Él.

Apelo a Dios porque siempre está conmigo (vv. 7–12)

La segunda estrofa expresa la confianza en Dios de que siempre está con él en todo momento. Ya que Dios siempre está, David apela a él por su vindicación frente las acusaciones injustas.

7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8 Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
9 Si tomare las alas del alba
Y habitare en el extremo del mar,
10 Aun allí me guiará tu mano,
Y me asirá tu diestra.
11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán;
Aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
12 Aun las tinieblas no encubren de ti,
Y la noche resplandece como el día;
Lo mismo te son las tinieblas que la luz.

Con una serie de preguntas retóricas, David nos da a conocer que Dios es omnipresente, o sea, que él ve todo porque está presente en todos los lugares. No hay ningún lugar donde David pueda escapar de la presencia del Espíritu de Dios (v. 7). Si sube al espacio, a gran distancia de la tierra, Dios está ahí; si baja al Seol, que la Biblia señala como “las profundidades” (Deut 32:22) o el lugar más profundo (Job 11:8), Dios está ahí (v. 8). Si David vuela hacia el amanecer, al este, Dios está ahí; si vuela hacia el mar, al oeste, Dios está ahí (v. 9). En cualquier parte, Dios le guía y sostiene con su mano (v. 10). Incluso en la oscuridad David no puede esconderse de Dios, porque las tinieblas son lo mismo que la luz para Dios (vv. 11–12). Por eso, David apela a Dios para que le defienda, porque Dios siempre está con él.

Apelo a Dios porque me creó (vv. 13–18)

La tercera estrofa destaca la profundidad del conocimiento que Dios tiene de David, porque ve todo y siempre ha estado con David. Ya que Dios lo creó, David apela a él por su vindicación frente a las acusaciones injustas.

13 Porque tú formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
14 Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.
15 No fue encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
16 Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.
17 ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!
¡Cuán grande es la suma de ellos!
18 Si los enumero, se multiplican más que la arena;
Despierto, y aún estoy contigo.

Antes de que la madre de David supiera que estaba embarazada, Dios lo sabía, porque fue Dios quien lo formó y lo conoció aun en el vientre (v. 13). Por eso, David alaba a Dios por crearlo con tal conocimiento maravilloso (v. 14). Aunque nadie más podía ver el desarrollo de David como embrión, Dios lo vio todo, conociendo a David en cada etapa de su crecimiento (v. 15). Incluso Dios sabía todo lo que David viviría en todo momento de cada día de su vida—antes de que naciera (v. 16). El alcance del conocimiento de Dios abruma a David, pero no solamente la grandeza, sino su cuidado tierno en todo momento (v. 18). Por eso, David apela a Dios para que le defienda, porque Dios lo creó, lo conoce y siempre está con él.

Dios, vindícame porque conoces mi corazón (vv. 19–24)

La última estrofa expresa la confianza de David de que Dios le conoce hasta las profundidades de su corazón. Ya que Dios conoce su corazón, David confía en Él para su vindicación frente a las acusaciones injustas.

19 De cierto, oh Dios, harás morir al impío;
Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.
20 Porque blasfemias dicen ellos contra ti;
Tus enemigos toman en vano tu nombre.
21 ¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen,
Y me enardezco contra tus enemigos?
22 Los aborrezco por completo;
Los tengo por enemigos.
23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
24 Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.

David está convencido de la pureza de sus motivos. Sabe que Dios juzgará a los malvados, por eso, no quiere ninguna parte con ellos (v. 19). A diferencia de las alabanzas de David, los enemigos de Dios blasfeman su nombre (v. 20), por eso, se ponen como enemigos no solo de Dios, sino también de David (vv. 21–22). Según lo que sabe David, su corazón es puro, pero solamente Dios puede conocerle perfectamente (v. 23). David somete su vida, su corazón y sus pensamientos a Dios el omnisciente (v. 24). Por eso, apela a Dios a vindicarle, porque solamente Dios conoce su corazón.

Podemos resumir el Salmo 139 con esta oración sencilla, “Dios, confío en tu conocimiento de mi corazón”.

¿Cómo podemos aplicar el tema principal de este salmo a nuestras vidas?

Podemos hacer tres aplicaciones teológicas del Salmo 139 que deben informar nuestro pensamiento.

Dios es omnipresente, es decir, que Dios está presente en todas partes del universo al mismo tiempo. No hay un lugar donde Dios no esté. No hay un espacio que Dios no llene con todo su ser. Hay dos lados de esta verdad. En el lado negativo, no podemos escondernos de Dios, ni podemos hacer nada que Dios no vea. En el lado positivo, Dios siempre está con nosotros. Nunca necesitamos preguntarnos dónde está Dios, porque siempre está con nosotros. Jesús también nos promete que estará con nosotros siempre, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20).

Dios es omnisciente, es decir, que Dios sabe todas las cosas pasadas, presentes y futuras. Por eso, nunca aprende nada ni crece en conocimiento, porque su conocimiento es exhaustivo y completo. Dios sabe toda información y conoce a toda persona. Dios me conoce por completo, mis acciones, palabras, pensamientos y actitudes. Dios sabe todo lo que me ha pasado en cada instante de mi vida, y sabe todo lo que me pasará en cada instante del resto de mi vida. Dios me conoció desde el momento de mi concepción, cuando comencé a ser una persona. No hay otra persona que me conozca como Dios me conoce.

Por eso, podemos confiar en Dios que conoce nuestro pasado y que ordena nuestro futuro. Podemos encomendar nuestras vidas en sus manos perfectamente capaces. Incluso en momentos de prueba y dificultad, sabemos que Dios está en control, que sabe todo y que podemos encomendar nuestras almas al fiel Creador y seguir practicando el bien (1ª Pedro 4:19).

Dios define la realidad, es decir, que la verdad es lo que Dios dice que es. El universo no es así porque lo vemos así, ni porque lo suponemos así, sino porque Dios lo reveló así. No debemos confiar en nuestros pensamientos, ni en nuestros corazones, ni menos en nuestros sentimientos. Lo único confiable es la Palabra de Dios, la verdad que Dios ha revelado. Debemos confiar en Dios de todo corazón y no apoyarnos en nuestra propia inteligencia (Proverbios 3:5). Debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, y con toda nuestra alma, y con toda nuestra mente (Mateo 22:37).

Por eso, podemos confiar en Dios para decirnos la verdad sobre nosotros. La Palabra de Dios expone nuestros corazones y debemos someternos a su prueba. Debemos confiar en el conocimiento de Dios para vindicarnos.

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