1ª de Pedro 2:11–3:7: vivir en sumisión a las autoridades que Dios estableció

Pedro escribe esta carta pastoral para animar a los hermanos en las regiones de Asia Menor, quienes sufrían persecución. Pretende ayudarles a responder la duda, ¿Cómo viven los cristianos cuando se prueba su fe? Son tres conceptos fundamentales que se entrelazan en el libro: santidad, sumisión y sufrimiento. Estas ideas forman las tres secciones mayores del libro.

Vivamos en sumisión como seguidores de Jesús (2:11–3:7)

En la sociedad (2:11–17)
El primer lugar donde debemos someternos es al gobierno, bastante sorprendente, dado que fue el gobierno que activamente perseguía a los creyentes. Pero dice Pedro que vivamos como ejemplos de buenas obras para mostrar la gloria a Dios (2:11–12). Como dijo Jesús, somos la luz del mundo (Mateo 5:14–16). Nuestra buena manera de vivir debe reflejar la santidad de nuestro Dios, y viviendo en sumisión a toda autoridad, quita todo obstáculo al evangelio (2:13–17). Es verdad, los inconversos nos pueden ver raros y extraños, pero no deberían poder acusarnos de ser malhechores. Esta vida de obediencia a Dios nos da una plataforma para predicar el evangelio.

En el trabajo (2:18–25)
El segundo lugar donde debemos someternos es en el trabajo. Dice Pedro que trabajemos en sumisión a toda autoridad (2:18). De nuevo, enfatiza que nos sometamos a toda autoridad, no solamente a los jefes buenos, sino también a los insoportables. Nos hacemos la pregunta, «¿Por qué me someto a una persona insoportable?» El texto nos da dos razones. Primero, porque obedeciendo a Dios pese al sufrimiento, demuestra lo digno que Él es (2:19–20). Nos sometemos a una persona insoportable porque servimos a una autoridad más alta, Dios. Segundo, porque sufriendo injustamente demostramos que seguimos las pisadas de Jesús (2:21–25). Nos sometemos a una persona insoportable porque nuestro Señor Jesucristo también sufrió injustamente. Fue por medio de ese sufrimiento injusto, su sacrificio por nuestros pecados, que somos salvos. Por eso, podemos seguir en las pisadas de nuestro Señor cuando sufrimos injustamente.

En el matrimonio (3:1–7)
El tercer lugar donde debemos someternos es en el matrimonio. La esposa cristiana debe vivir en sumisión a su marido (3:1) y debe vivir en santidad (3:2–6). Por el otro lado, el esposo cristiano debe vivir honrando a su esposa (3:7).

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