Génesis 9:8–17
El entendimiento de los pactos del AT es esencial para interpretar bien el Antiguo Testamento porque forman la columna del AT. Toda la historia del AT se sostiene de los pactos que Dios hizo.

La naturaleza del pacto
Un pacto entre iguales es un acuerdo y las condiciones son negociables, pero los pactos que Dios hizo con los hombres no son así. Por eso, son pactos entre un superior y un inferior, y las condiciones son determinadas por Dios. Estos pactos son instrumentos legales, con condiciones y garantías.
En los tiempos del AT, los pactos generalmente tomaban dos formas. La concesión real fue unilateral, de la parte de un rey que decidió premiar o recompensar a su siervo, obligándose a beneficiarlo. La característica clave de la concesión real es que enumera beneficios. La segunda forma fue un tratado entre el amo y la nación vasalla. Después de conquistar una nación, el rey prometía protegerla, pero en cambio exigía sumisión y tributo como condición de su protección. Este pacto fue bilateral, porque fue un acuerdo en el que los dos partidos se obligan. La característica clave de ese tratado es que el impone leyes y el vasallo promete obedecerlas.

Vamos a estudiar los cinco pactos que ocupan el lenguaje específico del pacto, haciendo cuatro preguntas de cada pacto.
- ¿Con quién ha hecho Dios este pacto?
- ¿Es este pacto unilateral (una conceción real) o bilateral (un tratado entre un rey y una nación vasalla)?
- ¿Qué ha prometido Dios que hará?
- ¿Se ha cumplido este pacto o ha de cumplirse?

El pacto que Dios hizo con Noé y sus hijos (v. 8) y con todo ser viviente por siglos perpetuos (v. 12) es unilateral, o sea, Dios se obliga a sí mismo. La promesa de Dios es que nunca destruirá toda carne con agua (v. 11) ni destruirá la tierra con diluvio (v. 11). Podemos ver que Dios ha cumplido su promesa, y el arcoíris es un símbolo de esa promesa. Aprendemos que Dios siempre es fiel con sus promesas, ciertamente juzgará el pecado y ciertamente salvará a los que creen en Jesús.

