INTRODUCCIÓN
La doctrina del Espíritu Santo es una doctrina preciosa, pero ha sido protagonista de muchas controversias a lo largo de los años debido a la intromisión de malas enseñanzas y prácticas respecto al entendimiento de la persona, la deidad y la obra del Espíritu de Dios.
En esta oportunidad vamos a estudiar sobre la persona del Espíritu Santo.

LA PERSONA DEL ESPÍRITU SANTO
Cuando hablamos de la «persona» del Espíritu Santo, no nos referimos a que él sea un ser humano como tú o como yo. Sino que esta expresión se refiere a que el Espíritu Santo es un ser personal, así como Dios Padre y Dios Hijo lo son.

Como Iglesia Berea y estudiantes de la Biblia, descartamos rotundamente la idea (herética) de que el Espíritu Santo sea una fuerza abstracta, o que sea una emanación de Dios, o una influencia, o una cosa, o simplemente un viento impersonal.
No podemos afirmar tales errores porque las Escrituras claramente nos dan testimonio que el Espíritu Santo es una persona. No que sea un ser humano, – no lo mal entienda, sino que El Espíritu Santo es ser personal; así como el Padre y el Hijo son seres personales, distintos el uno del otro, pero uno en esencia.
CARACTERÍSTICAS DE PERSONALIDAD
También Dios Espíritu Santo posee todos los componentes de personalidad que le distingue de una cosa, o de una fuerzas o de una emanaciones abstracta.






EN RESUMEN
Hermanos, es imposible que una fuerza o una influencia o una emanación, pueda tener la capacidad de enseñar, de escudriñar, de interceder, de conocer la voluntad de Dios y de tener una intención. Una cosa impersonal no podría tener estas características, pero sí una persona. Y ya que la Biblia da testimonio de que el Espíritu Santo tiene inteligencia, entonces es una persona.

Otra característica de la personalidad del Espíritu Santo es que tiene emociones. Lo cual, no quiere decir que el Espíritu de Dios actúe según sus emociones – como lo haría un ser cuyas pasiones involuntarias lo impulsan a hacer las cosas. Más bien, la expresión de las emociones del Espíritu Santo nos ayuda a entender que Él es un ser personal que se involucra con su creación, ya que Él sufre por el pecado y las malas acciones de los creyentes.

Con esta exhortación Pablo apunta a que, si en verdad somos verdaderamente una nueva creación de Dios, indudablemente debemos desarrollar nuevos niveles de relacionamiento entre los creyentes. Es decir, en lugar de herir a la gente con nuestras palabras, debemos utilizarlas para ayudar, alegrar, confortar, estimular y perdonar. Y, como una potente advertencia, Pablo agrega en el verso 30, “y no contristéis al Espíritu Santo de Dios”.
En otras palabras, si el creyente usa su boca para corromper y hacer todo lo opuesto a la edificación y bienestar del oyente, el Espíritu Santo se entristece. Y se entristece porque cualquier cosa que sea incompatible con la pureza, la verdad y la unidad de la iglesia. Si el creyente dice o hace algo es incompatible con la naturaleza Santa del Espíritu de Dios, lo hiere. El Espíritu Santo se entristece. El Espíritu Santo que ha venido a morar a nuestras vidas para santificarnos, se entristece cuando los creyentes no guardan la unidad ni los buenos tratos entre los creyentes. El mismo Espíritu Santo que está trabajando en la unidad y crecimiento del creyente y de la iglesia, se duele cuando nosotros en lugar de edificarnos mutuamente con la palabra de verdad, pecamos con nuestras bocas y sembramos discordia entre los hermanos con palabras corrompidas. El Espíritu de Dios, que nos ha sido dado por gracia como garantía de que nuestra salvación nunca se pierde, pero se entristece por causa de nuestras malas palabras y acciones.

Esto debería para nosotros una fuerte motivación para que desechemos toda corrupción al momento de hablar; toda división, toda amargura, todo mal comentario que debilite la unión que tenemos en Jesús. Debería ser una motivación para que comencemos a buscar la santidad que demanda la santidad del Espíritu de Dios.

Otra característica de la personalidad del Espíritu Santo es que tiene voluntad, y que la ejerce de manera libre, soberana y autoconsciente.





REPASO
Las Escrituras dan testimonio de que el Espíritu Santo es una persona, la tercera persona de a Trinidad, debido a que posee todas las características de personalidad. Entre ellas, Inteligencia, Emociones, Voluntad, Acciones y Relaciones personales.

REFLEXIÓN – ¡ESTA VERDAD ES MUY IMPORTANTE!

Es importante saber que el Espíritu Santo es una persona porque esta verdad nos exhorta a conocerle más y mejor, para relacionarnos con Él de una manera más excelente.
El Espíritu Santo no es una persona misteriosa e incomprensible. Él se ha dado a conocer en las Escrituras para que los creyentes se relacionen correctamente con Dios.
Más bien, Él mismos se da a conocer a través de las páginas de las Escrituras, y es a través de ellas que nosotros hemos recordado hoy que el Espíritu de Dios tiene (1) Inteligencia, (2) Emociones, (3) Voluntad, (4) Realiza acciones como persona, (5) Se relaciona con otras personas, (6) Y finalmente, la Palabra de Dios y Jesucristo se refieren a Él como un ser personal, a quien se le debe obedecer (Hch. 10:19-21) y no se le debe mentir (Hch. 5:3), ni resistir (Hch. 7:51, ni contristar (Ef. 4:30), ni blasfemar (Mt. 12:31), ni insultar (He. 10:29).
Y ¿Cómo lo sabemos? Porque el Espíritu Santo mismo lo ha señalado en las Escrituras, porque él quiere que la relación que tengamos con Él sea a través de las Escrituras.

FRASE DE RESUMEN

