Pidiendo la Sabiduría: Proverbios 17:27-28

INTRODUCCIÓN – HISTORIA DE BENJAMÍN Y SU FAMILIA

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La reunión familiar

Era martes por la noche y toda la familia estaba reunida en casa del Abuelo Andrés. La lluvia golpeaba las ventanas mientras el olor a sopa caliente y pan amasado llenaba el comedor. Tía María José caminaba por la cocina diciendo:
– El que toque las galletas antes de orar, lava los platos.
Tío Manuel tomó una igual y dijo:
– Acepto mi condenación.
Todos rieron.

La llegada de Benjamín

Entonces la puerta se abrió fuerte:
– ¡No saben lo que pasó hoy en la universidad! —gritó Benjamín entrando con la mochila mojada.
Cristina suspiró, y dijo:
– Y así comienza otro episodio de “Debates innecesarios”.
Benjamín dejó la mochila en el suelo y comenzó a hablar tan rápido que parecía exposición universitaria con café extra. – Resulta que el profesor dijo algo sobre economía… entonces un compañero respondió… después yo respondí… después él respondió… después yo le respondí MÁS fuerte… después toda la sala nos quedó mirando.
Tío Manuel preguntó:
– ¿Y en qué parte apareció la sabiduría?

Toda la mesa soltó una carcajada
Benjamín se dejó caer en la silla. – Ahora medio curso piensa que soy conflictivo.
Tía María José tomó té lentamente.
– Hijo, tú discutes hasta con los videos de YouTube.

La lectura bíblica

Abuelo Andrés sonrió, abrió su Biblia y dijo:
– Creo que ya tenemos tema para el devocional familiar.
Benjamín levantó las manos:
– Perfecto. Otra vez soy la ilustración negativa.
El abuelo leyó despacio: “El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; de espíritu prudente es el hombre entendido.” Proverbios 17:27. Luego cerró la Biblia.
– La sabiduría no consiste en hablar más fuerte… ni más rápido… ni ganar todas las discusiones.

Cristina miró a Benjamín:
– Entonces estamos complicados.


El desafío imposible

Abuelo Andrés propuso algo inesperado.
– Benjamín tendrá un desafío espiritual.

Benjamín se puso nervioso: -¿Ayuno?
(Abuelo) – No.
(Benjamín)- ¿Desinstalar redes sociales?
(Abuelo) – Peor.

Todos esperaban atentos.
(Abuelo) – Diez minutos sin interrumpir a nadie.
Tío Manuel comenzó a reír tan fuerte que casi botó el té.
– Eso sí necesita milagro.

Benjamín respondió:
– ¡Yo puedo hacerlo!

Cristina levantó la mano.
– Ya interrumpiste otra vez.

Todos rieron.

La batalla interna

La conversación siguió. Pero Benjamín estaba sufriendo. Movía la pierna. Tomaba aire. Abría la boca. Levantaba el dedo cada treinta segundos.
– Solo quiero decir algo…
– Pero eso no es exactamente así…
– Déjenme explicar…

Hasta que Tía María José dijo:
– Benjamín parece que tiene comentarios internos premium.

La familia explotó de la risa.

Pero después de algunos minutos algo cambió. Benjamín comenzó a escuchar de verdad. Escuchó a Cristina hablar del estrés de sus pruebas, a Tío Manuel contar problemas del trabajo, y a Tía María José mencionar una hermana de la iglesia enferma. Por primera vez en mucho tiempo no estaba pensando qué responder. Solo escuchaba.

La enseñanza del abuelo

Entonces Abuelo Andrés habló con calma.
– ¿Ven por qué Proverbios habla tanto de las palabras?

Todos quedaron atentos.
(Abuelo) – Porque una palabra puede: animar, destruir, unir, humillar, sanar, o dividir.

Luego miró a Benjamín.
(Abuelo) – Muchos problemas no comienzan por grandes pecados. Comienzan por pequeñas palabras dichas sin dominio propio.

Benjamín bajó la mirada. Porque sabía que muchas veces: respondía antes de entender, discutía por orgullo, y hablaba más para demostrar inteligencia que para mostrar amor.

Entonces Cristina dijo suavemente:
– A veces escuchar ayuda más que responder.

El abuelo sonrió. – Exactamente.


El momento final

Antes de terminar la reunión, Benjamín sacó el teléfono. Mostró un mensaje larguísimo que había escrito para discutir nuevamente con su compañero. Tía Coté lo miró, y dijo:
– Todos no es un mensaje. Es tesis universitaria.

Todos rieron otra vez.

Abuelo Andrés preguntó: – ¿Lo enviarás?

Benjamín miró la pantalla unos segundos… y presionó “eliminar”. Después respiró profundo.
– Creo que hoy entendí el proverbio.
El abuelo cerró la Biblia y dijo: – La verdadera madurez espiritual muchas veces se nota más en las palabras que evitamos decir.

Finalmente, toda la familia inclinó el rostro para orar.
Y Benjamín dijo con calma: “Señor, dame sabiduría para saber cuándo hablar.”

ESTUDIO DE PROVERBIOS 17:27-28

LA SABIDURÍA Y LAS PALABRAS

REFLEXIÓN Y APLICACIONES

PIDIENDO LA SABIDURÍA

Señor, dame sabiduría para saber cuándo hablar

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