Orando los salmos: Salmo 59

Dios, he hallado refugio en tu misericordia

El salmo 59 es un lamento individual, y como todos los salmos que pertenecen a este género, el salmista comienza pidiendo ayuda a Dios por una situación angustiosa (vv. 1-4), pero termina declarando confianza en Él, y en la obra que realizará a su favor (vv. 8-10, 16-17). Además de ello, este salmo también puede ser catalogado como una oración imprecatoria, es decir, una oración que pide a Dios por la destrucción de sus enemigos (vv. 5, 10, 11-13)

El salmo 59 comienza con su autor, el rey David, evidentemente angustiado por los acechos de sus enemigos (vv. 1-2), a quienes describe como hombres sanguinarios, poderosos y violentos. En su aflicción, David clama a Dios y pide ser librado de los peligros, llevado a un lugar seguro (a salvo), y vengado de sus enemigos. Sin embargo, a la vez que ora a Dios en su angustia, también reconoce que en Jehová está su confianza; Él es su baluarte, su fortaleza y su refugio, o, como dijo en dos ocasiones, Jehová es el Dios de su misericordia (vv.10, 17).

Finalmente, la oración de David, en este salmo 59, comunica la idea de la confianza y seguridad que le brinda el apoyarse y descansar en Dios, y en la promesa de Su fiel misericordia (Hb. Hesed). Por lo que, en una frase sencilla, este salmo se puede resumir en la siguiente oración: Dios, he hallado refugio en tu misericordia.

EXPLICACIÓN DEL SALMO 

El título del salmo 59, que dice: “Al músico principal; sobre No destruyas. Mictam de David, cuando envió Saúl, y vigilaron la casa para matarlo”, contiene una referencia histórica que nos ayuda a ubica este salmo dentro de un contexto real en la vida de David. Y, específicamente hablando, la última parte del título (“cuando envió Saúl, y vigilaron la casa para matarlo”), nos recuerda aquel momento registrado en el primer libro de Samuel capítulo 19, cuando Saúl, después de haber intentado matar a David con una lanza (1S. 19:10); envía mensajeros hasta su casa con la instrucción de vigilar su lugar, y matarlo en la mañana (v.11). Por tanto, es dentro de este contexto que David, siendo perseguido y asechado por el rey y sus mensajeros, alza su voz al Señor, y clama a Él en oración diciendo:

1Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío;
Ponme a salvo de los que se levantan contra mí.
2Líbrame de los que cometen iniquidad,
Y sálvame de hombres sanguinarios.
3Porque he aquí están acechando mi vida;
Se han juntado contra mí poderosos.
No por falta mía, ni pecado mío, oh Jehová;
4Sin delito mío corren y se aperciben.
Despierta para venir a mi encuentro, y mira.
5Y tú, Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel,
Despierta para castigar a todas las naciones;
No tengas misericordia de todos los que se rebelan con iniquidad.

Selah

El salmo 59 comienza con las suplicas del salmista pidiendo a Dios que le libre y le ponga a salvo de sus perseguidores (vv.1-2). Las expresiones: “líbrame”… “ponme a salvo”…“sálvame” … “despierta” … “ven a mi encuentro” … “mira” … “castiga” … y “no tengas misericordia [de ellos]”, dejan entre ver que David sabe que está a solo un paso de la muerte (cp. 1S. 19:11b; 20:3), y sin la ayuda y la intervención divina, no hay forma de escapar de sus enemigos porque, tal como los describe en estos versos, no está siendo asediado por “gente inofensiva”, sino por hombres poderosos y sanguinarios, que siendo impulsados por sus propias maldades e injusticias están obstinados en asecharle y darle muerte. Sin embargo, David sabe que la misericordia de Dios es más abundante la que maldad de sus perseguidores y que Jehová es más poderoso que todos ellos. Y, de hecho, David sabe que está orando al Dios de los ejércitos, el Señor de las batallas, el Dios de Israel, y el Juez de las naciones cuyo gobierno se extiende desde Israel (Jacob) hasta los fines de la tierra (vv. 5, 8 ,13). Por lo que, confiando en este gran Dios, el salmista pide al Señor que considere su oración, que castigue a todos los que sin causa se han levantado como sus enemigos, y que no tenga piedad de los que se rebelan con iniquidad (v.5).

6Volverán a la tarde, ladrarán como perros,
Y rodearán la ciudad.
7He aquí proferirán con su boca;
Espadas hay en sus labios,
Porque dicen: ¿Quién oye?
8Mas tú, Jehová, te reirás de ellos;
Te burlarás de todas las naciones.
9A causa del poder del enemigo esperaré en ti,
Porque Dios es mi defensa.
10El Dios de mi misericordia irá delante de mí;
Dios hará que vea en mis enemigos mi deseo.

11No los mates, para que mi pueblo no olvide;
Dispérsalos con tu poder, y abátelos,
Oh Jehová, escudo nuestro.
12Por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios,
Sean ellos presos en su soberbia,
Y por la maldición y mentira que profieren.
13Acábalos con furor, acábalos, para que no sean;
Y sépase que Dios gobierna en Jacob
Hasta los fines de la tierra.

Selah

La oración del salmo 59 continúa con el salmista haciendo varias descripciones de la maldad de sus perseguidores, junto con una serie de imprecaciones entremezcladas con expresiones de confianza en la justicia de Dios. En cuanto a sus enemigos, David ahora los describe como perros gruñones que merodean de noche por la ciudad, que hablan calumnias a modo de espumarajos, y echan maldición y mentira, y con soberbia niegan que sus palabras puedan ser oídas (“¿quién oye?”), o que éstas puedan perjudicarles (vv. 6-7, 12). Sin embargo, David dice que el Señor sí las escucha, por lo que, se reirá de ellos y se burlará de todas las naciones rebeldes, porque eso que ellos niegan, ciertamente vendrá, y un día el Señor mostrará misericordia a Su siervo y juzgará a todos sus enemigos. Por lo que, David, el ungido de Dios, poniéndose en sintonía con la justicia de Dios, ora al Señor pidiendo que destruya a sus perseguidores, a los rebeldes, a los impíos, a los enemigos que tienen en común (vv. 11-13). Y, de hecho, en cuanto a estas imprecaciones, el salmista, en primer lugar, pide a Dios que no destruya a sus enemigos de repente (o de un solo golpe), puesto que, de esta manera, el pueblo olvidaría rápidamente lo que ha sucedido y no sería una lección memorable. En lugar de ello, David pide a Dios que los abata, que los disperse con su poder, y que sean humillados (v.11); que se haga evidente que Dios es escudo de su Pueblo. Y, en segundo lugar, el salmista pide a Dios que sus enemigos sean sorprendidos en sus pecados y soberbias (v.12), y que sean exterminados con el furor Su ira, para que, el día que Dios haga justicia, todo el mundo y todo Israel sepan que Dios gobierna hasta los confines de la tierra (v.13).

14Vuelvan, pues, a la tarde, y ladren como perros,
Y rodeen la ciudad.
15Anden ellos errantes para hallar qué comer;
Y si no se sacian, pasen la noche quejándose.

16Pero yo cantaré de tu poder,
Y alabaré de mañana tu misericordia;
Porque has sido mi amparo
Y refugio en el día de mi angustia.
17Fortaleza mía, a ti cantaré;
Porque eres, oh Dios, mi refugio, el Dios de mi misericordia.

El salmo 59 termina con un notable contraste. Por un lado, están los enemigos de David, los perros gruñones y errantes que, al ser incapaces de saciarse, lo único que hacen es aullar y quejarse por las noches. A estos no les espera otro fin que la destrucción y la humillación (vv.14-15). Pero, por otro lado, está David, quien, tras haber confiado en Jehová y haber encontrado refugio en Él, se ha propuesto alabar a Dios y cantar sobre Su gran misericordia porque en ella ha encontrado amparo y fortaleza (vv. 16-17).


APLICACIONES

Ahora, ¿cómo podemos aplicar este salmo a nuestras vidas?

En primer lugar, este salmo, y específicamente la maldad de los impíos, nos recuerda lo perdido que estábamos antes de Cristo y lo grandioso que es haber alcanzado salvación en Cristo. ¿Y, en qué sentido? Bueno. Tal como hemos leído, David describe a sus enemigos (y los enemigos de Dios) como hombres orgullosos, violentos, y traidores. David describe a quienes le perseguían, le asechaban y le calumniaban sin causa (vv. 3, 4), como hombres necios que negaban que sus palabras y actos pudieran tener consecuencias. Hombres que estaban empecinados en hacer el mal, y al no conseguir sus deseos, se desesperaban y merodeaban errantes, gruñendo y aullando como perros insatisfechos (vv. 14-15). Y, como queda claro en las oraciones imprecatorias del salmista, tales hombres impíos tenían un solo destino: ser destruidos por el Señor, Dios de los ejércitos, sin compasión (v.5).

Hermanos, hermanas, tal vez para nosotros, el día de hoy, es fácil no encontrar puntos de comparación entre la vida de estos hombres y la nuestra. Lo cual es obvio, ya que, si bien no somos perfectos, nuestra unión con Cristo y nuestro nuevo nacimiento de Dios hace imposible que practiquemos el pecado del mismo modo que ellos lo hicieron contra David y contra Dios (1Jn. 3:8-12). Sin embargo, hermanos, déjame recordarles que sí hubo un tiempo cuando éramos iguales a estos hombres; ese tiempo que fue antes de  haber sido justificados por la fe por medio de nuestro Señor Jesucristo, cuando efectivamente éramos enemigos Dios, y éramos impíos, pecadores, despreciables, murmuradores, contenciosos, necios, desleales, mentirosos, y reos de nuestros propios pecados que nos condenaban a la muerte eterna. Y sin importante cuanto negáramos nuestros pecados y las consecuencias de nuestra rebeldía contra Dios, en aquel tiempo nuestros días estaban contados, la sentencia ya había sido dictada y Dios estaba a tan solo un instante de juzgar a las naciones y condenarnos por nuestros pecados. Y de haber sucedido aquello, ya no tendríamos esperanza. No obstante, amados hermanos, antes de que eso sucediera, Jesucristo, el Hijo de Dios, y Dios mismo encarnado, se ofreció a sí mismo por los pecadores (Ro. 5:6), y murió por nosotros, y habiendo ocupado nuestro lugar en la cruz, los que creímos en Él fuimos justificados, y, a su vez, los que estamos en Él, seremos salvados de la ira.

Hermano, piensa en lo que eras antes de Cristo. ¿Te diferenciabas con los enemigos de Dios y de David? Ahora piensa en lo que eres hoy, al estar en Cristo. ¿Se llena tu corazón de gratitud? Escuchen una vez más las palabras del apóstol Pablo cuando habló a los creyentes de Roma, diciendo: “Porque siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quién hemos recibido ahora la reconciliación” (Ro. 5:10-11).

Hermanos, mirar este salmo, y específicamente la maldad de los impíos y su justa condenación, nos debería recordar lo perdido que estábamos antes de Cristo – y vaya que lo estábamos-, pero, al mismo tiempo, nos debería recordar lo grandioso que es haber alcanzado la gracia de Dios y salvación por medio de la Fe en nuestro gran Dios y Señor Jesucristo.

Y, en segundo lugar, este salmo nos recuerda lo precioso que es disfrutar de la misericordia de Dios por medio de Jesucristo. Como hemos aprendido en este estudio, este salmo destaca la confianza que tiene David en Dios y en Su misericordia (Hesed). David estaba seguro en el amor fiel de Dios (vv. 10, 16, 17). Y, según ese amor, David podía vivir confiado de que Dios iba delante de él y que no tenía nada que temer porque, aunque poderoso enemigos intenten tomar su vida llegando, inclusive, hasta su misma casa, Dios es su escudo, refugio y fortaleza (v. 17)

Hermanos, hermanas, tal vez, al leer este salmo, te sientas motivado por orar a Dios y “pedir” que te dé “un poco de esa misericordia” que sustentaba el corazón de David en los tiempos difíciles. Sin embargo, hermano, déjame recordarte que, por la gracia de Dios, todos los que estamos en Jesucristo, YA hemos alcanzado misericordia (1P. 2:10; Ro. 11:30). Nosotros, que en otro tiempo éramos ajeno al pacto de las promesas, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Ef. 3:11, 12); que en otro tiempo no éramos pueblo, pero que ahora somos pueblo del Señor, por la gracia de Dios, hemos alcanzado misericordia (1P. 2:10), y somos aceptos en el Amado, y estamos seguros en Él (Jn. 10:28-29). ¿Y por qué? ¿Porque no hemos perseguido a nadie para matarle, porque no hemos hablado con maldiciones, porque no hemos estado asechando la casa de los hombres para matarlos por la mañana, o porque somos mejores que David? No, hermanos, hemos alcanzado misericordia tras haber abrazado con Fe la vida y la obra de nuestros Señor Jesucristo, solo por gracia. Mira, escucha lo que dijo el apóstol Pablo a los hermanos de Éfeso. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, nos dio vida juntamente con Cristo, y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe…” (Ef. 2:4-8 cp. Tit. 3:4-7).     

Así que, hermanos, más allá de “pedir un poco” de aquella misericordia divina en la cual David confiaba y se refugiaba, o más allá de “anhelar disfrutar” de la promesa del amor fiel de Dios; nosotros, los que hemos creído en Jesucristo, ya podemos confiar y refugiarnos en Dios y en la verdad de que EN Jesucristo somos aceptos, amados y guardados por Dios con un amor inalterable, eterno, consistente, duradero, permanente, e inseparable (Ro. 9:38-39). Por lo cual, con toda seguridad podemos decir: Dios, hemos hallado refugio en tu misericordia porque estamos en Jesucristo. Y esto, hermanos, nos debería llevar a estar seguros (y sentirnos seguros de los cuidados de Dios) ya que ni la muerte, ni la vida, ni potestades, ni enfermedades, ni lo presente, ni lo por venir, ni ninguna otra cosa creada, nos podrá separar del refugio eterno que tenemos en Cristo Jesús Señor nuestro, y que es, su amor eterno.


PREGUNTAS DE REPASO Y APLICACIÓN

  1. ¿Qué versículos nos ayudan a identificar a este salmo como un lamento individual imprecatorio?
  2. Niños y Juveniles: ¿A qué evento de la vida de David hace referencia el título de este salmo? ¿Esto sucedió antes de matar a Goliat o después? ¿Fue antes o después que David fuera coronado rey de Judá?
  3. ¿Qué expresiones (versículos) dentro del salmo nos dejan ver que David sabe que Dios es más poderoso que sus enemigos? ¿Y que las naciones del mundo?
  4. Según los últimos versos del salmo (vv. 14-17) ¿Cuáles son los contrastes entre David y sus enemigos?
  5. ¿A qué conclusiones llegas con este salmo? ¿Cómo vas a aplicar la idea central de este salmo en tu vida?
  6. ¿Cómo usarías este salmo para animar a un creyente que está viviendo diversas aflicciones? ¿qué le dirías?
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