Dios, bienaventurados son los que te obedecen
El salmo 128 es un cantico donde el salmista recuerda la bienaventuranza de aquellos que al temer a Dios, obedecen sus mandatos, de hecho es un salmo que refleja bastante bien la relación obediencia-bendición establecidas en el pacto que Dios hizo con el pueblo de Israel, por lo que es un salmo rico en sabiduría. Recordemos que los salmos de sabiduria son expresiones practicas del temor de Dios en la vida cotidiana. Asimismo, este salmo es parte de una serie de canticos, denominado canticos graduales, los cuales el pueblo entonaba en su trayecto a Jerusalem para ir a adorar al Señor, por lo que era una perfecta ocación para recordarle al pueblo las bendiciones de la obediencia. En Resumen, en este cantico, el salmista les recuerda a sus hermanos a temer a Dios, a obedecer sus mandamientos y así recordarles las bendiciones del pacto que Dios hizo con ellos.
Este salmo lo podemos resumir en una oración sencilla como “Dios, bienaventurados son los que te obedecen”.
Bienaventuranza al obedecer a Dios (v. 1)
Mientras los israelitas viajaban a Jerusalén tres veces al año para alabar a Jehová, cantaban los cánticos graduales. Estos salmos se enfocan en preparar el corazón para la semana de adoración y alabanza a Dios en su templo. El salmo 123 habla de alzar los ojos a Dios, porque él habita en los cielos (v. 1). Acercarse a Dios en el Antiguo Testamento siempre tenía que ver con subir al Dios altísimo.
1 Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová,
Que anda en sus caminos.
Quiero partir este salmo preguntando lo siguiente ¿Quién quiere ser feliz? Quien quiere alegria y gozo? Quien desea ser bendecido? Bueno, en este versiculo esta esa respuesta, ¿Quién es bendecido o bienaventurado o feliz como otra versión lo traduce? Aquel que le teme y obedece a Jehová, pregunta resuelta, y esta respuesta es transversal a lo largo del tiempo de los hombres. El asunto es que aunque la respuesta pareciera ser simple, es demaciado profunda, porque el nucleo central de esta sentencia, es Dios. Por lo tanto para poder ser bienaveturado al temer y obedecer a Dios, se debe conocer a Dios, puesto que nadie puede temer a alguien si no le conoce. Ahora bien, nuestra visión de quien es Dios es mucho más amplia si la comparamos con la visión de los lectores de este salmo originalmente, por ende debemos recopilar la información que ellos tenían disponible hasta ese entonces para interpretar mejor el texto.
Cuando Dios hizo el pacto con el pueblo de Israel, Dios hizo la mayor revelación de si mismo, y en el libro del éxodo encontramos lo siguiente:
18 Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. 19 Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos. 20 Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. Éxodo 20:18-20
Para los lectores originales, este evento, y lo que ocurrió en el, debió haberles hablado mucho acerca de quien era Dios. Entre la manifestación fisica que el Señor hizo, y la ley que le entrego al pueblo, Dios revela Su poder divino, Su soberania absoluta, Su Santidad plena, Su misericordia y Su perfecta justicia. De hecho, fue esta revelación de Dios la que llevo al salmista a escribir el salmo 1 o el salmo 15, los cuales revelan a un Dios justo, perfecto y santo.
Los versículos 18 y 19 revelan que la manifestación en el monte fue de tal impacto a la vista y emociones humanas, que todos comenzaron a temblar, y se alejaron del lugar ya que pensaron que Dios los iba a fulminar. La voz tronante de Dios debió sacudir profundamente a toda esa congregación de personas, que los dejo aterrados, perplejos, atónitos, pavorosos, que le imploraron a Moises “Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos”. Es muy importante considerar que hasta este punto, Dios le había mostrado al pueblo Su Omnipotencia, recordemos que Dios saco al pueblo de egipto “…con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros” (Deuteronomio 26:8-10) pero no le había mostrado mayores detalles acerca de Su carácter, sino hasta este episodio, donde Dios revela Su ley.
Si nos ponemos en la situación del pueblo, ahora la congregación no solo llega a entender la omnipotencia de Dios con mayor profundidad, puesto que ya había contemplado hechos portentosos en egipto, sino que empieza a conocer el carácter de Dios por la ley, la cual se le había acabado de revelar. Recordemos que esto acaba de suceder en el monte sinai, razón por la cual el pueblo al discernir todo esto, debería proceder en obediencia, lo cual se aprecia en el versículo 20. De hecho la voluntad de Dios era darse a conocer a Su pueblo, y la consecuencia inmediata era que el pueblo al temerle, le obedeciese, y así no pecará contra ÉL.
“…porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis.” Exodo 20:20
Ahora bien, a la luz del pacto hecho en este monte, Dios había pactado con el pueblo bienestar, prosperidad y protección a todos aquellos que obedecieran sus mandamientos, era un pacto hecho especificamente con este pueblo entre todas las naciones, donde Dios decide voluntariamente adoptarlo, hacerlo su especial tesoro, y bendecirlo con Su presencia (Levitico 26:11-12). De esta manera, el salmista abre este cantico, simplemente recordando a Sus hermanos la Palabra que Dios había revelado tiempo atrás por medio de Su siervo Moises, que todos aquellos que le temen, es decir que andan en sus caminos, bienaventurados serán.
Frutos de la obediencia a Jehová (vv. 2–4)
2 Cuando comieres el trabajo de tus manos,
Bienaventurado serás, y te irá bien.
3 Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa;
Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.
4 He aquí que así será bendecido el hombre
Que teme a Jehová.
En esta segunda sección, el salmista le recuerda al pueblo los frutos de la obediencia, los dirigue a recordar el pacto y sus grandes beneficios, los lleva a recordar el amor tan grande de Dios hacía ellos, y parte por la bendición de la tierra. Mientras que la maldición sobre la tierra era un hecho determinado por Dios a la raza humana por su desobediencia, a este pueblo le pactaba gozo por el fruto de su trabajo.
En Levitico 26:3-6 encontramos lo siguiente:
3 Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, 4 yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto. 5 Vuestra trilla alcanzará a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la sementera, y comeréis vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros en vuestra tierra. 6 Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará por vuestro país. Levitico 26:3-6
Al resto de pueblos le esperaba una tierra incierta en cuanto a su desarrollo, a la dichosa Israel se le prometia una tierra fertil, y una cosecha prospera; el trabajo arduo a plena luz del sol, que empapa el cuerpo de sudor, ese trabajo constante de todos los días, llenaría los ojos de alegría de los Israelitas al contemplar los frutos. ¿Qué agricultor no tuvo sus ojos llenos de esperanza en cada día que trabajaba para tener una buena recolección? A Israel, se le pactaba una buena recolección por el hecho de ser obediente a los mandatos del Dios vivo y verdadero.
Adicionalmente, el salmista no solo recuerda a sus hermanos las bendiciones de la tierra, sino que también recuerda las bendiciones a la familia, la institución base que Dios establecio para la raza humana. El Salmista les recuerda las bendiciones que recibiran por medio de su mujer, es decir los hijos, y las bendiciones a sus mujeres.
El pacto que Dios había establecido con el pueblo bendecía al pueblo en todas direcciones, lo que incluía que nisiquiera su ganado sería esteril. En deuteronomio 7 encontramos lo siguiente:
12 Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. 13 Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. 14 Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. Deuteronomio 7:12-14 Terminando esta sección, el salmista hace un enfasis especial en la manera en que el hombre que teme a Jehová será bendecido por ÉL. Él esta diciendo, miren que tremendas bendiciones están preparadas para aquel que teme a Jehová.
Reafirmación de las bendiciones del temor a Jehová (vv. 5–6)
5 Bendígate Jehová desde Sion,
Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida,
6 Y veas a los hijos de tus hijos.
Paz sea sobre Israel.
En el desenlace de este cantico, el salmista tiene el anhelo que El Señor bendiga al pueblo, esta última sección es como un deseo, que consiste principalmente en que el pueblo pueda contemplar con sus ojos dos cosas. La primera de ellas es que ellos vean bienestar en Jerusalen no en un periodo de tiempo acotado, sino siempre. La segunda es que el pueblo pueda ver las generaciones que vienen. Creo que cualquier Israelita celoso por Su pueblo, cada iraelita que amaba verdaderamente a su pueblo, debió haber tenido el anhelo de contemplar estas dos cosas antes de su partida.
Este salmo lo podemos resumir en una oración sencilla como “Dios, bienaventurados son los que te obedecen”.

¿Cómo podemos aplicar el tema principal de este salmo a nuestras vidas?
La obediencia según el conocimiento de Dios
En el texto vimos como a los Israelitas, Dios se les revelo poderosamente en aquel monte, pero a nosotros no se nos revelo de aquella manera, sino que fue el Hijo quien nos revela a Dios.
“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” Mateo 11:27
Ahora, como sabemos si realmente conocemos a Dios?
“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él…” 1 Juan 2:3-4
El Señor Jesús dice: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” Mateo 7:21.
Este y muchos otros textos nos hablan sobre un reino, y este texto nos señala que no por decir que Jesús es nuestro Señor, heredaremos este reino, sino los que conociendo a Dios, hacen Su voluntad.
Jesús también señala, que los que le siguen, es decir escuchan Su voz y le obedecen, Él les brinda vida eterna “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos. Juan 10:28-30
Pablo en la misma linea dice “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” Romanos 8:1
Jesús cuando ora por sus discipulos dice “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Juan 17:3
En resumen, los que obedecen a Dios, son coherederos con Cristo, y heredarán la vida eterna.
Prosperidad debido a la obediencia a Dios en el NT
Ciertamente el temor y por consiguiente obediencia, traerian bendiciones y prosperidad en el pacto antiguo, sin embargo nuestra realidad no será necesariamente de esa manera. Nosotros fuimos llamados es a predicar el evangelio (Mateo 28), a estar alegres con comida y techo (1 Tim 6:8), a movernos de un lugar a otro según lo que Dios encamine (Hechos 16:9), pero ninguna de estas cosas asegura bienestar o prosperidad. De hecho en el NT, lo que vemos es vidas que se sacrifican por predicar a Jesús a todo el mundo, sin importar ni el bien fisico ni el bien económico. Pero ¿Por qué hacerlo entonces? La respuesta esta en el amor de Dios, el cual ha sido derramado en los corazones de los cristianos (Romanos 5:5). Y ese amor de Dios nos constriñe, y nos lleva una y otra vez a la identificación con el Crucificado, nos lleva una y otra vez a recordar lo que Aquel hizo por nosotros en la cruz. Aún no recibiendo galardones, aún siendo humillados, aún siendo decepcionados, aún siendo maltratados, aún siendo abofeteados, aún sufriendo por Su causa; en efecto esa es la bendición que habla el NP que tienen los creyentes al obedecer a Dios, es decir sufrir por ÉL (Filipenses 1:29, Hechos 5:41).
