Conociendo los libros de la Biblia: Amós

Entender a los profetas del Antiguo Testamento

El profeta Amós

La profecía de Amós sigue este patrón, con la mayoría del libro prediciendo juicio y destrucción para las diez tribus nortinas de Israel (1:1–9:10), y después un mensaje de restauración, pero para las tribus de Judá (9:11–15). Los profetas menores (Oseas hasta Malaquías) están ordenados más o menos cronológicamente, y al principio hay tres profetas que tienen como tema central el día de Jehová: Joel, Amós y Abdías. Joel profetizaba del día de Jehová para Judá, Amós para Israel y Abdías para Edom. Amós profetizaba en Israel aproximadamente 755 años antes de Cristo, unos trienta años antes de la destrucción de Israel por los arameos en 722 aC.

El día de Jehová

El concepto del día de Jehová es un tema central en los profetas, y Joel, Amós y Abdías introducen el concepto. El día de Jehová se refiere al momento en que Dios visita a su pueblo Israel para juzgar y después para restaurar. Encontramos estas dos partes (la advertencia en el presente y aliento para el futuro) en todos los profetas, un tiempo de juicio de Dios por su infidelidad y desobediencia, pero después, promesa de restauración a la tierra prometida con su rey, el hijo de David. También los profetas ocupan las frases “en aquellos días” y “vienen los días” para referirse al mismo concepto del día de Jehová.

Amós no era un profeta, sino un pastor de Tecoa, una aldea en el sur de Judá. Dios le reveló una serie de profecías y visiones para anunciar al reino del norte, Israel. El mensaje se resume así: “Jehová rugirá desde Sion” (1:2), o sea, Jehová, el Dios de Israel que moraba en Jerusalén, vendrá en juicio sobre las diez tribus de Israel.

La profecía de Amós es mayormente juicio, con una serie de dichos y visiones. En los capítulos 1–2, tenemos una serie de juicios sobre todas las naciones alrededor de Israel por su pecado e injusticia. Siguen una formula de “por tres pecados…y por el cuarto” que quiere decir, como si tres pecados no fuesen suficientes, cometiste el cuarto. Todas las naciones reciben su pronunciamiento de juicio, menos Israel.

En 3:1–5:17, Dios envía tres mensajes (palabras) a Israel por Amós. La nación de Israel actuaba con arrogancia, suponiendo que, como era su pueblo, Dios no les castigara. Después de todo, todas las naciones recibieron mensajes de juicio menos Israel, pero Jehová ahora ruge contra Israel mismo.

En 5:18–6:14, Dios pronuncia tres ayes o lamentos contra Israel. Una vez más, Dios lamenta que los de Israel fueran arrogantes suponiendoque eviten el juicio de los demás.

En 7:1–8:8, Dios da cuatro ilustraciones del juicio venidero: langostas que vienen a destruir, un fuego devastador (el mismo fuego que sufren las otras naciones en los capítulos 1 y 2), una cuerda de plomada que evidencia que Israel no da la talla y una canasta de fruta madura, como cae al fin de la cosecha.

En 7:10–17, leemos un interludio histórico sobre la oposición del sacerdote falso Amasías contra Amós. Podemos recordar que el reino del norte había establecido dos becerros de oro y un sacerdocio no levítico en Betel y Dan (1º Reyes 12:25–33). Como extranjero, Amós fue acusado de sedición contra el rey Jeroboán (el segundo rey con ese nombre). La respuesta de Amós fue sencilla: él no buscaba ser profeta, pero Dios le mandó a profetizar contra Israel.

La sección final (8:9–9:15) tiene que ver con el día de Jehová, ese momento cuando vendría Dios a juzgar a Israel y después restaurarlo. El primer punto es que el día de Jehová será para Israel como la noche de Jehová, una instancia de tinieblas y terror, no de vindicación y esperanza. Este juicio vendrá repentina y violentamente, como un terremoto destructor.

La sección final, en que Dios revela el aliento para el futuro, es muy corto (9:11–15) e inesperadamente, no da ninguna esperanza para el reino del norte de Israel, sino solamente para el reino del sur, los enemigos de Israel (y la patria de Amós). Dios promete construir de nuevo la casa de David, el linaje real (9:11–12), restaurar la nación en la tierra prometida a Abraham y sus descendientes (9:13–14), fundada y plantada en su tierra para que nunca más sea arrancada (9:15).

Desde nuestra perspectiva, podemos ver claramente que el juicio prometido llegó cuando los arameos aniquilaron las diez tribus del norte en el año 722 aC. La última profecía sobre la restauración de Israel todavía es futura, y esperamos el arrepentimiento de los judíos en la venida del Mesías, Jesús, para establecer su reino mundial.

La profecía de Amós nos puede recordar del hecho de que Dios permanecerá justo al juzgar todo pecado (Romanos 3). También nos recuerda de las promesas del nuevo pacto, que Dios dará vida a los huesos secos de Israel y establecerá un reino en la tierra prometida a Abraham con su pueblo Israel restaurado y reunido bajo el rey Jesús el hijo de David.

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