Hoy día nos toca celebrar la ordenanza que Jesús mismo nos dio- la cena del Señor. En la cena del Señor recordamos la muerte de Jesús juntos con nuestros hermanos. La celebramos porque nuestra vida nueva en Cristo, junto con Él en su resurrección, fue hecha posible por la muerte de Jesús. Él tuvo que morir por nuestros pecados. La celebramos porque Él nos mandó que lo hagamos en memoria de él. El apóstol Pablo escribe a los corintios, “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (1ª Corintios 11:23–24).
Junto con este recordatorio de la muerte de nuestro Señor, Pablo advierte a los corintios, “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor” (1ª Corintios 11:27). Es posible que nunca hayas pensado en esta advertencia o tal vez no hayas entendido bien este peligro.
Pablo dice que alguien que come la cena del Señor indignamente es culpado del cuerpo y sangre de Jesús. ¿Qué quiere decir esta idea de “comer indignamente”? Es importante que reconozcamos que no tiene que ver con nuestra indignidad como pecadores salvados por la gracia de Dios. No hay ninguna persona que es digna de Dios. Tampoco es posible que puedas vivir una vida completamente digna de todo lo que Dios ha hecho por ti. Tampoco dice Pablo que tomar la cena “dignamente” tiene que ver con tu propia justicia.
En primer lugar, tu obediencia no te hace más aceptable a Dios. Dios no te acepta por tu desempeño como cristiano. No extiende su salvación ni su favor a ti porque eres bueno. Como dijo Jesús, “Solo Dios es verdaderamente bueno” (Marcos 10:18). Tú no eres bueno delante de Dios aparte de la justicia de Jesucristo y nunca ha pasado un instante que eras así. Nunca puedes ser digno en este sentido.
En segundo lugar, el mensaje de la cena del Señor celebra que somos indignos. No merecemos el amor del Padre. No merecemos el sacrificio del Hijo de Dios en la cruz. No merecemos que Jesús se entregó por nosotros. La cena del Señor proclama la muerte de Jesucristo—una muerte del “justo por los injustos, a fin de llevarnos a Dios” (1ª Pedro 3:18).
Por eso, Pablo no manda que seamos dignos en nosotros mismos para tomar la cena del Señor, porque nunca seremos y, de hecho, la cena nos recuerda de lo mismo. Entonces, ¿qué quiere decir esta palabra “indignamente”?
Es importante que reconozcamos que la palabra es un adverbio, es decir, que describe la manera en que realizamos una acción. Por eso, tomando la cena indignamente no tiene que ver con nuestra condición (porque todos somos pecadores e indignos de la gracia de Dios), sino tiene que ver con la manera en que tomamos la cena del Señor.
En este mismo capítulo, podemos ver por lo menos cuatro maneras en que los corintios tomaban la cena indignamente. Aprendamos de ellos a fin de no cometer los mismos errores.
- Promover o permitir divisiones entre los hermanos es una manera indigna de tomar la cena (vv. 18–20, 33). Los corintios se reunían para tomar la cena, pero no estaban unidos. Hubo divisiones sobre el tema de líderes (cap 1), pleitos entre hermanos (cap 6), disputas sobre asuntos de conciencia (cap 8)… y después llegaron todos a la cena del Señor para supuestamente celebrar la unidad del cuerpo de Cristo. Sé claro: si llegas a la cena con enojo o rencor hacia un hermano, estás comiendo la cena indignamente.
- Tomar a la ligera el deber y privilegio solemne de la cena del Señor es una manera indigna (vv. 21–22, 33–34). Varios de los corintos se embriagaron en la cena, menospreciando a sus hermanos más humildes. Estos vieron la cena como una comida más. Si estás más enfocado en el almuerzo o si quieres que nos apuremos para que salgas, estás comiendo la cena indignamente.
- Tomar la cena sin pensar en su significancia ni sentir su peso es una manera indigna de tomar la cena (vv. 28, 31). Dos veces Pablo dijo que los corintios se examinaran a sí mismos. “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1ª Corintios 11:28). “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados…” (1ª Corintios 11:31). Debemos examinarnos en el momento de llegar a la cena del Señor, no solamente para ver si tenemos pecado en nuestras vidas, sino examinarnos en cuanto a nuestras motivaciones al tomar la cena. (De hecho, no tenemos que esperar hasta el momento de la cena para arrepentirnos de nuestros pecados, debemos arrepentirnos al tiro en el momento que nos damos cuenta de nuestro pecado.) Si estás tomando la cena sin pensar en la significancia profunda de este símbolo, estás comiendo la cena indignamente.
- Tomar la cena como si fuese algo común es una manera indigna de tomar la cena (v. 29). Dice Pablo que no debemos comer ni beber “sin discernir el cuerpo del Señor.” Estamos conmemorando la muerte del Hijo de Dios, quien creó el universo, quien mantiene todas las cosas por su palabra, pero quien también se entregó y vino al mundo para morir por nosotros. Esta cena es un recordatorio que nosotros, pecadores indignos, nos sentamos en la mesa como hijos de Dios a través de la muerte de Jesucristo. Él dio su vida para que podamos vivir para siempre. ¡Que serio el tema! Si puedes comer el pan y tomar la copa sin pensar en la significancia, estás comiendo la cena indignamente.
Así que, al examinarnos, si encontramos que hemos llegado a la cena en una manera indigna, ¿qué hacemos? Dice Pablo que “el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1ª Corintios 11:29). Mejor que no tomes la cena que tomarla en una manera indigna. Pero mejor todavía que nos arrepintamos de nuestra falta de respeto y lleguemos a la cena unidos, reconociendo el privilegio solemne que tenemos, con motivos buenos, pensando en todo lo que Jesucristo ha hecho por nosotros en la cruz.