Orando los salmos: Salmo 40

Dios, tu misericordia me sostuvo, me sostiene y me sostendrá.

El salmo cuarenta es la combinación de un salmo de acción de gracias y un lamento individual. Es decir, en este poema, el rey David combina expresiones de gratitud por la intervención de Dios en el pasado (vv. 1-10) con dramáticas súplicas por la liberación de una situación peligrosa que vivía en el presente (vv. 11-16); e, inclusive, de situaciones que podrían presentarse en el futuro (v.17). Ahora, si bien esta combinación puede llegar a dificultar nuestra tarea de definir a qué género corresponde este salmo (si es un salmo de acción de gracias o un lamento individual) mi sugerencia es que en esta ocasión no escojamos entre el uno o el otro sino que veamos este poema como una sola oración gratitud, petición y confianza en Dios que es impulsada por la inagotable misericordia de Dios y los cuidados que tiene para con los que confían Él y le buscan. Por tanto, una frase sencilla que puede resumir el tema de este salmo en una oración es: “Dios, tu misericordia me sostuvo, me sostiene y me sostendrá”.      

EXPLICACIÓN DEL SALMO

1 Pacientemente esperé a Jehová,
Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso;
Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.
Verán esto muchos, y temerán,
Y confiarán en Jehová.

Pensando en una aflicción del pasado, David comienza este salmo haciendo énfasis en la confianza que depositó en Jehová y en la respuesta favorable que recibió del Señor en el tiempo de su aflicción. En el versículo 1, el salmista nos cuenta que, tras haber orado al Señor, decidió esperar paciente y confiadamente la respuesta de Jehová sin dejarse vencer por el tiempo que dure la espera. Luego, en el versículo 2, David añade que su paciente confianza en Dios rindió un buen fruto porque, al final, el Señor respondió a su clamor, le sacó de la crisis que le debilitaba y afirmó su vida sacándolo de la desesperación. Y finalmente, en el versículo 3, el rey escribe que, tras la misericordiosa respuesta de Dios, comenzó a alabar al Señor con cánticos que daban testimonio de lo que Él hizo en su favor, con el fin de que otros también pudieran reconocer la misericordia y el poder de Dios, y confiaran en Él.

4 Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza,
Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira.
5 Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas;
Y tus pensamientos para con nosotros,
No es posible contarlos ante ti.
Si yo anunciare y hablare de ellos,
No pueden ser enumerados.

En el versículo 4, David añade una importante y consoladora reflexión; y es que, las personas que deciden confiar en el Señor sin dejarse impresionar ni engañar por los soberbios y mentirosos, son extremadamente felices. “Bienaventurado el hombre que puso su confianza en el Señor”, dice David. Y ¿por qué? Bueno, porque ellos han disfrutado y disfrutarán de la misericordia de Dios, la cual el Señor ha aumentado y confirmado con innumerables testimonios que hablan de las maravillas que ha hecho Dios para con el rey y el pueblo de Israel.  

6 Sacrificio y ofrenda no te agrada;
Has abierto mis oídos;
Holocausto y expiación no has demandado.
7 Entonces dije: He aquí, vengo;
En el rollo del libro está escrito de mí;
8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,
Y tu ley está en medio de mi corazón.

9 He anunciado justicia en grande congregación;
He aquí, no refrené mis labios,
Jehová, tú lo sabes.
10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón;
He publicado tu fidelidad y tu salvación;
No oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea.

David continúa relatando su experiencia del pasado diciendo que, tras haber sido librado de situación que le aquejaba, comprendió que no era un ritual sacrificial desprovisto de obediencia lo que Dios quería que él ofreciera. La frase “has abierto mis oídos” es una referencia a la acción divina de preparar al salmista para escuchar, atender y aceptar la voluntad de Dios que, según leemos, no consistía en ofrecer un holocaustos animal sino en ofrecerse a sí mismo como un alegre testigo y un vivo testimonio de la justicia, misericordia, fidelidad y salvación de Dios (vv. 9-10).   

11 Jehová, no retengas de mí tus misericordias;
Tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.
12 Porque me han rodeado males sin número;
Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista.
Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla.

En los versículos 11 y 12, David llega al corazón del salmo; a la verdad que ha estado señalando desde que comenzó a recordar cómo Dios le libró de sus aflicciones pasadas, y la verdad que le impulsa a seguir confiando y esperando en sus aflicciones presentes y futuras; y que es, la misericordia de Dios. Además de ello, estos versículos funcionan como una perfecta transición para dejar a tras la gratitud por la salvación del Señor en el pasado y comenzar a buscar nuevamente al Señor en la angustia presente. Y, en cuanto a ello, David dice que había entrado nuevamente en una terrible y grande aflicción, tanto que el dolor y las aflicciones externas habían afectado hasta lo más profundo de su corazón.  

13 Quieras, oh Jehová, librarme;
Jehová, apresúrate a socorrerme.
14 Sean avergonzados y confundidos a una
Los que buscan mi vida para destruirla.
Vuelvan atrás y avergüéncense
Los que mi mal desean;
15 Sean asolados en pago de su afrenta
Los que me dicen: ¡Ea, ea!

16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan,
Y digan siempre los que aman tu salvación:
Jehová sea enaltecido.

Pensando en sus aflicciones presentes, en esta sección, David comienza con una petición es simpe y directa: “[Señor] líbrame… apresúrate a socorrerme” (v. 13). Luego, en el versículo 14, el salmista pide a Jehová que intervenga contra sus enemigos, y sean avergonzados, confundidos, y asolados todos aquellos buscan su vida para destruirla, y desean su mal, y se burlan de él (que es el sentido de la expresión “¡Ea, ea!”). Expresiones que, sin duda, dejan ver cuán dolorosa y urgente era su aflicción. Sin embargo, en el verso 16, David añade que la tristeza y la conmoción no deben ser el estado definitivo de los que confían en Dios. Por el contrario. Los que han recordado, visto y gozado de las innumerables bendiciones de Dios y su misericordia, deben gozarse y alegrarse en Jehová (cp. v. 4). Y, en lugar de lamentarse y llorar, los que buscan y aman la salvación del Señor deben confiar en las misericordias de Dios y decir: “Jehová sea enaltecido”.

17 Aunque afligido yo y necesitado,
Jehová pensará en mí.
Mi ayuda y mi libertador eres tú;
Dios mío, no te tardes.

El salmo cuarenta termina con una declaración de seguridad y esperanza para el futuro. En los versículos 1 al 10 David ha recordado las misericordias de Dios en sus aflicciones pasadas. En los versos 11 al 16 ha acudido al Señor en el presente clamando por sus aflicciones presentes. Y ahora, en mira de las aflicciones futuras, reflexiona: Aunque esté afligido y necesitado, mi ayuda y libertador es Dios. Por ello, en este último verso del salmo cuarenta, el salmista termina su oración reconociendo públicamente que aunque esté en alguna situación extrema de aflicción, necesidad o crisis, el Señor no le olvidará; y, a su vez, David no olvidará que Jehová es grande en misericordia y que la ayuda y la liberación provienen del Señor, en quien confía y en quien espera.


APLICACIONES

En primer lugar, en este salmo vemos que David, en el tiempo de la aflicción, decidió desechar las atracciones del mundo (v.4) y esperar pacientemente en la misericordia, en la justicia, y en la verdad de Dios. David sabía que lo seguro, y lo que trae un gozo inigualable (v. 4), es confiar en Dios; confiar en su carácter y apalabra eterna, y no en lo temporal. De igual manera nosotros, hermanos, debemos esperar pacientemente en el carácter de Dios y en sus verdades inconmovibles. Y, aunque que las personas de este mundo depositen sus esperanzas en vanidades ilusorias tales como el dinero, el trabajo, la juventud, la fuerza, los lujos, los engaños, etc., nosotros, los creyentes, hemos sido rescatados de este mundo para esperar en Dios y las bendiciones que Él nos ha prometido. Por ejemplo, la verdad que nos recuerda Pablo de que en otro tiempo vivíamos sin esperanza y sin Dios en el mundo pero que ahora, en Cristo Jesús, tenemos entrada al Padre, y ya no somos extranjeros sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de la Fe (Ef. 2:12-19) que esperan el regreso del Señor y la eternidad junto a Él (Fil. 3:15).

En segundo lugar, hermanos, vivamos las aflicciones del presente y del porvenir confiando en Dios. Es interesante ver cómo David habla de las aflicciones como algo “de nunca acabar” (en esta vida). Y así es. Jesús mismos dijo que mientras estemos en este mundo viviremos aflicción (Jn. 16:33). Por tanto, la pregunta ya no es “¿viviré aflicciones en este mundo?” sino que la pregunta verdadera es: “¿cómo viviré cuando vengan las aflicciones?”. David finalizó el salmo cuarenta diciendo que su confianza estaba en Dios y que Él oirá su clamor y Él atenderá su dolor. Nosotros, hermanos, al estar en Jesús, tenemos esa misma confianza. Y es más, confiamos en Jesús porque su evangelio nos asegura que Él ha vencido al mundo, el pecado y la muerte (Jn. 16:33; 1Cor. 15:1-4).  

En tercer lugar, hermanos, demos testimonio del poder de Dios y su bondad. Cuando David fue rescatado de su aflicción no se calló ni puso freno en su boca, sino que alabó al Señor y contó a los hombres sobre el poder de Dios y su misericordia, pensando que tal vez uno oiga, y crea, y ponga su confianza en el Señor (v.3 cp vv. 5, 10, 16). Hermanos, el tiempo de la prueba y la aflicción es un excelente escenario para que el poder de Dios sea enaltecido y conocido por todos nuestros amigos y familiares. Es verdad, tal vez en algún momento nos vemos tentados a convertirnos (o dejarnos convertir) en el centro de atención y volvernos los protagonistas, pero ¡no lo hagamos! Hermano, si estás viviendo aflicciones o si has pasado por ellas, da gloria a Dios y cuéntales a tus amigos y familiares quién es Dios y lo que ha hecho. Háblales de Cristo y de la confianza que tienes en Él. Tal vez alguno oiga el evangelio, y crea en el Señor, y le busque. 

En cuarto lugar, hermanos, alabemos al Señor por su misericordia. Toma un minuto y piensa en lo siguiente: ¿Merezco la salvación de Dios (Tit. 3:4-5)? ¿Merezco que Dios piense en mí y que me ame (Ef. 2:4)? ¿Merezco que Dios esté atento a mis necesidades (Mt. 6:25-32) y que escuche mi oración y responda (Mt. 7:7-11)? Hermanos, Dios muestra su misericordia con nosotros dándonos, precisamente, lo que no merecemos. Por tanto, alabemos al Señor por su eterna misericordia.

Y, en quinto lugar, guiemos a nuestros hermanos a Cristo. Es común escuchar que lo creyentes acudan al libro de los salmos en momento de aflicción. Lo cual es muy bueno. Pero, yo creo que, es mucho mejor cuando esos creyentes al leer el salmo se dan cuenta que los salmistas quieren que sus lectores pongan su atención en Dios, y no en ellos ni en sus circunstancias. Si miramos nuevamente el salmo cuarenta, rápidamente podremos notar que David es enfático en decir que fue Dios quien le libró de sus aflicciones y que es Dios quien le librará de sus angustias. Y David se esfuerza en decir que es Dios el centro de su alabanza, y de su confianza, y de sus comentarios y de su alegría, para que otros, al escucharle, se gocen, y se alegren, y busquen al Señor. Hermanos, nuestro deber es el mismos. Cuando tengamos oportunidad de animar a nuestros hermanos, llevémosle a Cristo, a nuestro Salvador. Recordémosle que Dios nos está moldeando a la imagen de Cristo por medio de las pruebas (He. 12:1-11; Ro. 8:28-29; Ef. 4:13) y que durante todo el tiempo que dure la aflicción, el Dios de toda misericordia nos ha sostenido, nos sostiene y nos sostendrá.  


PREGUNTAS DE REPASO

  1. Según lo presentado al comienzo de este estudio, ¿de qué manera debemos ver este salmo? ¿Qué (dos) géneros podemos ver en este salmo?
  2. ¿Cuál es la frase que resume el tema del Salmo en una oración?
  3. ¿Qué atributos de Dios puedes observar en los versículos 5, 10, 11, 17? ¿Has hablado de alguno de ellos últimamente?
  4. ¿Qué piensan de la misericordia de Dios? ¿Qué importancia tiene para ti?
  5. ¿Sobre qué o quién está puesta tu esperanza? ¿Qué verdades de Dios recuerdas cuando estás afligido?
  6. ¿Cuál de las aplicaciones propuestas te llamó más la atención? ¿por qué?
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