Dios, dependemos de Ti en todo
El Salmo 127 es un salmo de sabiduría. Podemos recordar que estos salmos tienen como enfoque el temor de Jehová y la vida de los justos. Este salmo es una aplicación práctica de la soberanía de Dios. Si Dios es el Señor de todo, el Soberano, entonces tenemos que depender de Él en todo.
El título del salmo en la RVR 1960 dice “Cántico gradual; para Salomón”. Este salmo es uno de un grupo de 15 cánticos (Salmos 120–134) que los judíos peregrinos cantaban mientras subieron a Jerusalén tres veces al año para adorar a Dios. Dice que es “para Salomón”, pero creo que vale la pena notar que la preposición hebrea que se traduce “para” también puede traducirse “de” y, de hecho, así se traduce en todas las otras instancias en los salmos, menos el Salmo 72 (el cual también es de Salomón). Parece que los traductores no creían que Salomón escribió estos salmos, pero las Escrituras nos dicen que Salomón compuso mil cinco cantares (1º Reyes 4:32). Por eso, no nos debe sorprender que Salomón pudiera haber escrito dos de los salmos que tenemos en nuestras Biblias.
Tiene sentido que el salmo esté relacionado con Salomón, por los dos temas principales del salmo que se exponen en el primer versículo: edificar la casa y guardar la ciudad.
El reinado de Salomón se destaca por dos hechos: fue el rey Salomón que construyó la casa de Jehová, el templo, y su reinado fue el cenit de la paz de todos los reyes de Israel. Pero Salomón no solo construyó el templo, también edificó una familia (una casa) muy grande con todas sus mujeres (700) y concubinas (300). Con toda la sabiduría que Dios le había dado, el rey Salomón nos recuerda de que todo lo que tenemos y todo lo que podemos hacer depende de Dios.
Sin Dios, no se puede edificar la casa ni guardar la ciudad (v. 1)
1 Si Jehová no edificare la casa,
En vano trabajan los que la edifican;
Si Jehová no guardare la ciudad,
En vano vela la guardia.
Los dos ejemplos de edificar la casa y guardar la ciudad son válidos hasta el día de hoy para demostrar nuestra dependencia de Dios en todo momento. Cuando un matrimonio quiere tener hijos para edificar su familia, pueden esforzarse de muchas maneras, pero al final es Dios quien concede los hijos. Igual podemos intentar asegurar que seamos protegidos en nuestras casas, que estemos seguros en nuestros autos y que guardemos nuestra salud, pero al final es Dios quien nos guarda y nos concede la paz. Sin Dios, no podemos lograr nada.
Dependemos de la bendición de Dios para edificar la familia y guardar la ciudad (vv. 2–3)
Podemos ver que el punto de Salomón va mucho más allá de solamente edificar casas y guardar ciudades en el versículo 2. Se enfatiza que nuestros esfuerzos solamente tienen eficacia cuando están bendecidos por Dios.
2 Por demás es que os levantéis de madrugada,
y vayáis tarde a reposar,
Y que comáis pan de dolores;
Pues que a su amado dará Dios el sueño.
Para lograr una meta, normalmente pensamos en levantarnos temprano, trabajar hasta la noche y esforzarnos en todo. Los que trabajan mucho, que se sacrifican por sus metas, normalmente son los que logran sus metas. Pero Salomón dice que, pese a nuestros esfuerzos, sin la bendición de Dios, nunca lograremos nada.
De hecho, Salomón insiste que Dios puede regalar a sus amados aún mientras duermen. Es verdad que el sueño en sí es un regalo de Dios, pero parece que la idea del verso 2 es que podemos esforzarnos al trabajar duro todo el día, pero solo Dios puede conceder nuestros deseos y lo puede hacer incluso cuando estamos dormidos. Dios no depende de nuestras habilidades ni esfuerzos. Nosotros dependemos de Él en todo.
3 He aquí, herencia de Jehová son los hijos;
Cosa de estima el fruto del vientre.
Debemos recordar la manera de la poesía hebrea, que tiene como fundamento el paralelismo entre las líneas. Las dos líneas del versículo 3 son paralelas, se repite el mismo tema. Podemos ver el paralelismo.
| los hijos | son | una herencia de Dios |
| el fruto del vientre | es | una recompensa |
Por eso, debemos entender que Salomón señala que tener hijos es algo que solamente Dios puede conceder. Si Dios no bendice el vientre, no podemos tener hijos. Dependemos de Dios para tener hijos. La historia de Israel está repleta de ejemplos de la soberanía de Dios al dar los hijos. Podemos pensar en Sarai (Génesis 11:30), en Rebeca (Génesis 25:21), en Lea (Génesis 29:31), en la madre de Sansón (Jueces 13:2–3), en Ana (1º Samuel 1:5), entre otras. Sin Dios, nadie puede edificar su familia, porque dependemos de Dios para tener hijos.
Los hijos que Dios da defienden la ciudad (vv. 4–5)
Ahora Salomón entrelaza los dos temas de edificar una familia y guardar una ciudad en los versículos 4 al 5. Dice:
4 Como saetas en mano del valiente,
Así son los hijos habidos en la juventud.
5 Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos;
No será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.
En el versículo 4 Salomón compara los hijos con que Dios bendice a sus amados con saetas en mano del valiente. Ahora, una pregunta: ¿cuál es el propósito de las saetas o flechas? Son armas para la guerra, son para defenderse, son para guardar su ciudad de los que la quieren atacar.
El versículo 5 pronuncia una bendición sobre el hombre que tiene una aljaba llena de estas saetas. Es obvio que estamos hablando metafóricamente, un hombre bendecido por Dios por tener muchos hijos es comparado a un guerrero que tiene una aljaba llena de flechas. Con estas armas, puede defenderse a sí mismo y proteger su familia y su ciudad. Experimentará la bendición de Dios en edificar su casa (la familia).
La segunda línea del versículo 5 es paralela con la primera, dando el otro lado, el contraste.
| El hombre es bienaventurado | porque | tiene una aljaba llena de flechas |
| No será avergonzado | cuando | habla con sus enemigos en la puerta |
Este hombre, bendecido por Dios con hijos, no será avergonzado por sus enemigos porque sus hijos lo van a defender en la puerta de la ciudad. Podemos recordar que estuvo a la puerta de la ciudad donde negociaron todos sus trámites. Pensamos en Lot, que estaba sentado a la puerta de Sodoma (Génesis 19:1), en Abraham, cuando compró la cueva para sepultar a Sara, negoció el precio a la puerta de la ciudad de Efrón (Génesis 23:10), en Hamor, cuando hizo un tratado con los hijos de Jacob a la puerta de Siquem (Génesis 34:20), en Booz, cuando negoció la redención de la propiedad de Elimelec a la puerta de Belén (Rut 4:1) y en Absalón, cuando conversaba con la gente a la puerta de Jerusalén y robaba el corazón de los hijos de Israel (2º Samuel 15:2–6). Los hijos que Dios da al hombre bendecido lo pueden defender y proteger su ciudad.
Este salmo nos recuerda de una verdad bien sencilla. Dependemos de Dios en todo. Sin Dios, no se puede edificar la casa. Sin Dios, no se puede guardar la ciudad. Podemos resumir el Salmo 127 con esta oración sencilla, “Dios, dependemos de Ti en todo”.

¿Cómo podemos aplicar el tema principal de este salmo a nuestras vidas?
Hoy en día, no pensamos mucho en tratar desesperadamente de tener hijos para defender el apellido de la familia. En un día de paz y prosperidad nacional, no nos preocupamos mucho por defender nuestra ciudad de los ataques de los invasores. Sin embargo, nuestro Dios sigue siendo la fuente de toda bendición. Sin Él somos incapaces de lograr incluso las cosas más simples de la vida. Podemos hacer tres aplicaciones sencillas.
- Para los que quieren tener una familia, que tienen sueños de casarse o tener hijos, deben recordar que dependemos de Dios en todo. Si Dios no edifica la familia, nuestros esfuerzos son en vano.
- Para los que se preocupan por su seguridad, que tienen miedo de sufrir un asalto o robo, deben recordar que dependemos de Dios en todo. Si Dios no guarda la ciudad, nuestros esfuerzos son en vano.
- Para todos nosotros que estamos tentados a vivir en una manera mundana, sin pensar en Dios, debemos recordar que dependemos de Dios en todo. Cuando planificamos el futuro, debemos someter todos nuestros planes a la voluntad de nuestro soberano Dios. No sabemos lo que pasará mañana. Nuestras vidas son una neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. Debemos decir siempre, Si Dios quiere, viviremos y haremos esto o aquello (Santiago 4:14–15). Si Dios no bendice nuestros planes, nuestros esfuerzos son en vano.
¡Cuán a menudo damos por sentado los dones de Dios! ¿Cuándo fue la última vez que reconocimos el control de Dios sobre nuestra vida y le agradecimos por un día más de vida? ¿Nos llama la atención nuestra absoluta dependencia de Dios cuando vemos sus dones de salud y descanso? ¿Le damos gracias a Dios por su provisión de paz y prosperidad en nuestro país?
Nuestro Dios nunca cambia. Él está tan involucrado en nuestras vidas hoy como lo estuvo en la vida de Salomón hace casi tres mil años. Dependemos totalmente de la bendición de Dios. Él es la Fuente de bendición para todo: sin Él, nuestros esfuerzos son en vano. Dios, dependemos de Ti en todo.
